
(Hará cuestión de tres años, escribà estas notas sobre Eliseo Subiela. La ocasión de presentar este mes un ciclo con algunas de sus pelÃculas es una excusa perfecta para desempolvarlas y, espero, ganarle algún nuevo fanático.) Â
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En las pelÃculas de Eliseo Subiela late el constante cuestionamiento existencial de los sobrevivientes de las metrópolis de nuestros dÃas, acaso unánime aventura de sacudirnos ante tanto despropósito y soledad.
Por eso, todos terminamos hipnotizados en la eterna lucha entre el amor y la muerte, entre el azar y el destino.
En las pelÃculas de Eliseo Subiela siempre aparecen mujeres-ángeles, ya sean etéreas como en No te mueras sin decirme dónde vas, o voluptuosas y carnales como en El lado oscuro del corazón.
En las pelÃculas de Eliseo Subiela sus personajes están atrapados por la nostalgia. Y se valen de los poemas como recurso para evocar un pasado mejor que nos marca para siempre y nunca terminamos de olvidar.
En las pelÃculas de Eliseo Subiela la poesÃa visual también está presente y nos convierte en cómplices de sus travesuras con aires post-modernos. Por eso preferimos jugar con él a ser los Peter Pan, multiplicados como en el milagro bÃblico.
En las pelÃculas de Eliseo Subiela late desnuda esa intención de redimirnos por encima de nuestras limitantes y, a pesar de todos los pesares, celebrar la alegrÃa de vivir.
Eliseo Subiela con su cine poético y filosófico, sentimental y postmoderno, nos habla a los corazones. Y es imposible no escuchar ese llamado.
Subiela: es una forma de redescubrirnos, en la trayectoria citadina de la vida y la muerte, sobre la que paseamos nuestros recuerdos y esperanza y la interminable busqueda de lo que somos o queremos.
¡Oh, se me olvidaba! Y que también inspira a escribir textos poéticos.
Amo las pelÃculas de Eliseo. Como las describes, son tan poéticas… Cómo no enamorarse de los poemas de Benedetti en el El lado oscuro del corazón??
Pues, ¡te espero!
A veces pienso que mirar al sudeste es buscarse en la niebla. Y que el lado oscuro de nuestro corazón es un enigma que negamos conocer durante toda la vida.
O es posible que, entre la niebla, veamos el lado oscuro de nuestro corazón como parte de las últimas imágenes del naufragio.