
(Comparto con todos un escrito del propio Robert Altman. Un Maestro del Cine y de la Palabra)
Nunca supe lo que querÃa filmar, excepto que era algo que no habÃa visto antes.
Las palabras no te dicen lo que la gente está pensando. Rara vez usamos palabras para decir algo realmente. Usamos las palabras para vender algo o para convencer a la gente o hacer que nos admiren. Es todo un disfraz… Es todo ocultamiento, un lenguaje secreto.
La sabidurÃa y el amor no tienen nada que ver uno con otro. La sabidurÃa es permanecer vivo, la supervivencia. Uno es sabio si no mete los dedos en el enchufe. El amor: uno mete los dedos en cualquier cosa.
Me encanta pescar. Uno arroja esa lÃnea al agua y no sabe qué hay en el otro extremo. Tu imaginación está allà abajo.
La peor trampa en la que uno puede caer es empezar a imitarse a uno mismo.
Ha habido unas pocas veces en las que he pensado: “Dios, no creo que haya una verdadera salida a esto; simplemente hay que terminarlo y salir con dignidad”.
Me encantan los dramas radiales. Cada persona de la audiencia tenÃa su propia imagen. Cuando la puerta chirriaba, cada cual tenÃa su propia puerta.
Cuando alguien pide un consejo, lo que realmente está pidiendo es ayuda.
Te voy a dar el mismo consejo que les doy a mis hijos: nunca aceptes el consejo de nadie.
Uno no puede saberlo todo. El tiempo no alcanza.
Fui piloto. Volé un B-24 en el PacÃfico Sur. Hice cuarenta y seis misiones, o algo asÃ. Nos dispararon muchas veces. Era bastante temible, pero uno es tan joven… Yo tenÃa 19, 20. Y era todo por las chicas.
El jazz ha perdurado porque no tiene principio ni final. Es un momento.
Las primeras pelÃculas que vi me hacÃan sentir que no eran tan sólo pelÃculas. Recuerdo la tarde, tras la guerra, en que fui a ver solo Breve encuentro, de David Lean. Y recuerdo estar pensando: “¿Por qué estoy viendo esta pelÃcula tonta? Ella no es muy linda. ¡Dios! ¡Los zapatos!”. Pero veinte minutos más tarde estaba ahà sentado, con lágrimas rodando por mis mejillas y enamorado de Celia Johnson, esta chica con los zapatos sensibles…
Cada nueva pelÃcula es una experiencia enteramente nueva, estoy haciendo un nuevo bebé. Y uno tiende a amar más a sus hijos menos exitosos. DÃgame cuál de mis pelÃculas le gusta menos, y yo probablemente le diré que ése es el film que más me gusta.
Amo a los actores porque no entiendo cómo es que pueden hacer lo que hacen, no entiendo el proceso. Siempre me asombra; creo que son criaturas increÃbles. Yo no podrÃa pronunciar una frase ni aunque tuviera ocho semanas de ensayo, me paralizarÃa. Pero el cine es un medio de los actores; ellos son los que se paran ahÃ, desnudos. No yo. Hablamos sobre los guionistas y los directores, pero no es correcto.
Nunca armo el reparto de una pelÃcula como lo hacen los estudios. Ellos toman a dos personas que se odian mutuamente, y les pagan suficiente dinero para juntarlas. Pero en verdad nunca se relacionan entre ellas. Yo no tengo tanto dinero. Asà que los actores con los que trabajo quieren hacerlo. Para eso se han convertido en actores originariamente: para crear. Y yo les permito hacerlo. Les digo: creen, muéstrenme lo que pueden hacer.
En una época habÃa hecho seis o siete pelÃculas y estaba muy orgulloso porque creÃa que ninguno de esos filmes se parecÃan entre ellos, que eran diferentes, que no me repetÃa y que no habÃa manera de saber de quién eran esos filmes salvo porque mi nombre aparecÃa en pantalla. Pero luego, diez, doce pelÃculas más y ya pensaba: son todos capÃtulos del mismo libro, uno realmente no puede escapar ni evitar dejar sus huellas por todos lados.
He vuelto a ver MASH y Nashville hace poco, y todavÃa creo que están muy bien. Asà que no he mejorado en nada. No voy a mejorar. Me he vuelto más fluido, más eficiente, aprendà a hacer las cosas y a lograr lo que quiero con menos esfuerzo. Pero ahà también hay un gran riesgo: si uno se vuelve menos esforzado, pierde el arte.
Los premios y las estatuillas sirven como credenciales. Pero es como todo lo demás; duran tanto como un beso.
Es muy raro. Estamos dispuestos a aceptar cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa en la vida real. Pero les exigimos orden a nuestras fantasÃas. En lugar de seguirles el juego y decir, sÃ, asà es, es una fantasÃa y no tiene sentido. Una vez que uno consigue interpretarla, puede que sea más satisfactoria, pero es menos divertida.
Las palabras que eligen los periodistas pueden no dar una imagen verdadera del individuo. Por eso no doy demasiadas entrevistas: temo empezar a escucharme a mà mismo hablar. Me pregunto cuánto habrá de mentira en la entrevista, porque no tengo nada que decir acerca de nada. No me interesa analizarme. Lo estoy haciendo ahora mismo y lo considero muy peligroso para un artista.
Altman significa “viejo” en alemán. Y aquà estoy, me he convertido en un Altman. Siempre supe que serÃa de esta manera, que uno no puede volver el tiempo atrás, soy realista, pero la realidad de todas maneras no tiene por qué gustarme. Cuando quiero alegrarme, recuerdo la canción de Peggy Lee, “Es eso todo lo que hay”. Asà es la vida, no tiene nada de particular. Tan sólo algo que ocurre.
No sé si escribirÃa mi autobiografÃa. No estoy seguro de que mi versión vaya a ser la correcta.
Me parece muy especial el estilo de Mr. Altman, luce ser una persona sencilla, espontanea y sincera.
Jose gracias por compartir este articulo!
Un fuerte abrazo,
Moises